Había una vez una mujer que decidió dejar de ser “la presa”.

Imagen de la película “mujeres el borde de un ataque de nervios”
escrita y dirigida por Pedro Almodóvar.

¿Por qué será que las mujeres nos vemos mal sí luchamos por lo que queremos? o ¿por qué cuando cometemos un error en la relación es tan condenable, y lo que es peor, no tenemos derecho a insistir por una reconciliación?. Es decir, según la sociedad, las mujeres debemos evitar al máximo fallar, porque las grandes historias de amor se hicieron para señoritas bien portadas e intachables, ahí no caben las mujeres que tienen affaires, que dijeron alguna mentira o que ocultaron alguna situación importante, las que de rabia dijeron alguna mala palabra, o decidieron ser competitivas, se comportaron un poco egocéntricas o dieron su opinión sin miedo a nada. Nos enseñaron que tenemos que esperar para que las cosas buenas ocurran. Que sí actuas de manera correcta (de acuerdo a las normas que rige la sociedad) todo va a suceder de maravilla y tendremos la relación soñada.

Imagen de la película “yo antes de tí” dirigida por
Thea Sharrock

Cuando vemos en las películas, telenovelas y series que el hombre es el que comete el error, en los últimos 30 minutos de la película y en la mitad de los capítulos posteriores en la telenovela o serie, muestran las múltiples maniobras y “actos heróicos” en los que él le demuestra a ella su arrepentimiento. Hacemos fuerza para que vaya tras su amada, que la espere al salir de su casa, que llene su oficina, salón de clase o habitación con letreros de ¡perdóname María Antonia, eres el amor de mi vida!, y no puede faltar el cliché de los pétalos de rosa o los mariachis, en su defecto el trío de cantantes, si no hay mucho presupuesto. Nos parece eso tan tierno y sexy a la vez, tan digno de ellos, le decimos a ella, como si nos pudiera escuchar: “ay perdónalo María Antonia, por favor, sí no lo haces te lo quito”.

Lo más curioso de todo es que hasta el bonachón, intenso como él solo y egocéntrico, nos parece más atractivo cuando está en esa rogadera y nos da envidia de ella, porque así fuera la metida de pata más grande nos encanta que haga todas esas cosas para que finalmente se reconcilien. Así como hizo “H” en la película, 80 veces vista, “tres metros sobre el cielo”, cuando secuestra al perro de la profesora de baby para que le pasara la materia, o cuando le pide perdón desde un teléfono público que estaba frente a la casa de ella. Lo más dramático de todo es que estaba lloviendo y el pobre casi se resfría, y más de una pensó: “quien fuera baby para decirle que pase a la casa y secarlo con una toalla al pobre arrepentido”.

Ahora vamos al meollo del asunto, sí fuera una mujer, en este caso, pensaríamos que es una ridícula, sin dignidad, que lo va a espantar por intensa. Porque así funciona, porque ese es nuestro sistema de creencias. Él es el que debe dar la iniciativa, sí nosotras metemos la pata o fallamos, no podemos hacer nada. Nos queda dejarlo ir y hundirnos en llanto porque tenemos unas restricciones que no sé quién inventó, y una lista interminable de cosas que una mujer NO debe hacer bajo ninguna circunstancia, como por ejemplo, eso de esperarlo en la puerta de su casa, de llamarlo ebria o con unas cuantas copas de vino para decirle lo mucho que extraña su voz, decirle que se asome a la ventana para que te vea arrepentida, o de llenarlo de letreros de ¡perdóname José Eduardo, te extraño!, no va con ninguna mujer a no ser que sea una regalada sin dignidad.

Los argumentos para justificar dicha situación, suelen ser tan pobres: porque eres mujer, porque naciste para esperar, no cometer errores, no ser impulsiva y ser la racional de la relación. Ni pensar que la protagonista se equivoque, sería un guión bastante disparatado. Por lo regular la loca, intensa y sin dignidad es la villana, ellas son las únicas que luchan por el que creen es el amor de su vida, y no solo por un hombre, sino por sus sueños y aspiraciones, por eso las villanas siempre serán mis favoritas, aunque ese tema es de otro artículo.

Siguiendo con el arrepentimiento femenino. Eso para nada nos parece tierno ni atractivo, Recordamos los viejos dichos de la abuela que eran de los años upa: “si te haces desear serás amada”, según ellas, la indiferencia lo haría regresar a nuestros pies, y la otra hipotesis que nos metieron en la cabeza es que el hombre tiene instinto de cazador, así como lo dice el libro “por qué los hombres aman a las cabronas”, y lo peor, nos comparan con una presa, además de todo, ellos se la creen y nos tratan como si lo fueramos.

Imagen de la serie de televisión “sex and the city” protagonizada por Sarah Jessica Parker.

¿Es en serio?, es decir que debemos aspirar a ser la futura presa de un hombre, algo así como un ser inmóvil, sin sentido e inerte. Como quien dice, espere ahí que ya le llega su cazador, pero no se mueva, no haga nada. Eso me preocupa. Se nos van a formar varices de tanto esperar ahí sentaditas bien puestecitas.

Así no debería ser, y con esto les estoy quitando un peso de encima a los hombres, porque tienen una carga enorme, un ejemplo común, es que ellos son los que siempre deben sacar a bailar, pedir matrimonio u otro tipo de compromiso, los primeros en presentarla con su familia, invitar a salir, llamar borrachos a las dos de la mañana, llegar por sorpresa arriesgándose al rechazo, deben ser los héroes, además de gastarse todo el dinero en serenatas y restaurantes de lujo para que les den el anhelado “te perdono José Eduardo” o el anhelado “si acepto”. Mientras la presa solo espera.

Que pasaría si cambiamos las cosas y hacemos como Julia Roberts en la película “novia fugitiva”, ella le pidió matrimonio a su hombre y no precisamente con un anillo sino con unos tenis, no recuerdo para qué los tenis, pero así fue, él no le dijo que si de inmediato, sin embargo, ella tenía su “plan b” para que le diera el si definitivo. No era precisamente una presa la que se le apareció por sorpresa en la casa, al personaje que interpretaba Richard Gere. Era una mujer decidida, que fue con determinación a pedirle perdón y decirle que se había reencontrado consigo misma, ella ya había hecho su trabajo, primero entendió quién era y qué quería y luego fue por su amado.

Sí la presa resucitara se quitaría un peso de encima y de paso le haría un enorme favor a los hombres de este planeta.

Imagen de la película “novia fugitiva” protagonizada por Julia Roberts.

La paradoja radica en que nos la pasamos luchando por la igualdad de género mientras seguimos al pie de la letra los dichos de las bisabuelas. Presumimos de ser independientes y al mismo tiempo esperamos como la presa. Nos estamos perdiendo de sorprenderlo en una fecha especial con una invitación inesperada a cenar, o con un detalle que para él signifique mucho, siempre esperamos algo mejor a cambio y si no sucede nos decepcionamos, porque en un sistema extraño, pero común, de creencias él debe dar más que nosotras, y sí nosotras damos más perdimos el año en esa relación y pues ahí nos quedaremos para vestir santos porque, según esas reglas, la indiferencia es la que manda.

Mujeres, entendamos de una vez por todas que nosotras también tenemos el poder de hacer que las cosas sucedan, sí queremos una linda velada, no esperemos a que él tenga la iniciativa, sí queremos pedir perdón y luchar por ese amor pues hagámoslo de la forma más creativa así fracasemos en el intento, al menos sabremos que lo intentamos y que no fuimos esa presa inerte.

No se sientan mal por dejar de esperar, a no ser que el caso sea extremo, de ya no retorno, ahí ya toca dejarlo ir, de la misma manera que el hombre debe hacer con la mujer que ya no desea estar con él. Es por igual.

Por otro lado, no debe ser descabellado pensar en una mujer que lleva serenata ¡qué gran idea!, una mujer invitando a un viaje de reconciliación o llamándolo bajo la lluvia mientras está afuera de su casa. Nosotras también nos podemos resfriar, como el personaje de “H” y puede ser muy sexy. No hay lío con eso. Así nunca abra la puerta y nos deje afuera, tendremos la tranquilidad de saber que nos atrevimos a hacer lo que quisimos.

El consejo es que no nos quedemos con las palabras que nunca dijimos, las emociones que nunca expresamos solo porque debemos ser disque indiferentes o presas. Sí vale la pena, vale el riesgo. A nosotras también nos pueden decir que no sin ser el fin del mundo, así como muchas veces le dijimos no al niño tímido que finalmente se atrevió a sacarnos a bailar.

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1 comentario en “Había una vez una mujer que decidió dejar de ser “la presa”.

  1. Me gusta cómo combinas tu opinión y tu pasión por el cine! Y el mensaje secreto es para el que lo entiende. ¡Espero con ansias el siguiente articulo!

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